En busca de cielos oscuros
Posted by admin | Filed under Astronomía
En la vida muchas veces ignoramos las maravillas a nuestro alrededor. Estamos tan preocupados por vivir cada día por lo cual no nos damos cuenta lo fascinante de disfrutar el ver más allá de lo que ven nuestros ojos. Desde tiempos inmemorables el ser humano se ha interesado en observar y estudiar el cielo. Se puede afirmar a los griegos como los precursores de la astronomía pero al mismo tiempo ellos recibieron influencia de la antigua Babilonia. Pero, por qué interesó tanto el cielo al hombre en las civilizaciones pasadas, y hoy la mayoría con dificultad gastan unos minutos para apreciarlo. La respuesta quizás radica en las diferencias de la calidad del cielo. Aunque todos vivimos bajo el mismo cielo, no es lo mismo apreciarlo en una zona urbana o en una zona rural, lejos de la contaminación de luz de las ciudades.
La contaminación lumínica es la responsable de ver al cielo con indiferencia en nuestras ciudades. El exceso de luz artificial provoca que se opaque nuestro cielo y en consecuencia nos limite apreciar su belleza. Por otro lado, este tipo de contaminación no solamente afecta las observaciones astronómicas, igualmente perjudica otros aspectos de la naturaleza misma y sus ecosistemas.
Contaminación Lumínica

ACODEA acostumbra anualmente visitar las instalaciones de un hotel en la provincia de Puntarenas llamado La Ensenada. El lugar es predilecto por su calidad del cielo, incluso es visitado por astrónomos aficionados norteamericanos. Este año fue la primera vez que lo visité y desde la primera noche comprendí las razones por las cuales todo un grupo de amantes del cielo nocturno esperan con ansias el día de poder trasladarse al hotel y así disfrutar sus noches. El poder distinguir objetos a simple vista que en la ciudad es prácticamente imposible, el ver el cielo plagado de estrellas al extremo de no ver un único espacio sin sus elementos brillantes o el lograr ver y apreciar nuestra Vía Láctea, la cual muchos desconocen que es posible de apreciar, y menos aún han tenido la oportunidad de verla, todo esto, hace del viaje en busca de cielos oscuros un esfuerzo que vale la pena.
He tenido la oportunidad también de poder apreciar el cielo en otras zonas con muy baja o nula contaminación de luz. Algunos ejemplos son: las cercanías de playa Tamarindo en Guanacaste, San Carlos; o en playa Cabuya en la costa de Puntarenas, cerca de Cabo Blanco; son lugares en donde todavía se puede ver al cielo y notar una cantidad enorme de estrellas, al extremo de no poder diferenciar las constelaciones claramente. Si se compara esos cielos con los posibles de obtener en la ciudad, se comprende de inmediato los motivos del porqué tantas personas no se ven cautivadas por los paisajes nocturnos astronómicos.
Si alguna vez tiene la oportunidad de ver el cielo lejos de la ciudad, tómese su tiempo y aprecie las maravillas que muchos ignoramos y comprenderá como la contaminación lumínica nos obliga a los amantes de la astronomía, a visitar lugares lejanos para vivir noches indescriptibles e inolvidables. Sólo quien lo ha vivido entenderá a nuestros antepasados: su interés por observar y aprender del cielo nocturno cada noche un poco más.
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